agosto 21, 2012

10 claves para diseñar una revista digital



A poco más de un mes del lanzamiento de la primera edición de la revista digital de The Huffington Post para el iPad se anunció que el modelo de pago cambiaría por no ser compatible con la publicación que dirige Arianna Huffington. La revista ahora es gratuita. Esa es una de las lecciones que aprendieron.
A punto de estrenar la décima entrega en septiembre, Josh Klenert,  jefe de diseño del diario analizó los ejemplares para que podamos aprender más acerca de su realización en 10 lecciones. Veamos:
1.¿Cómo atraer al usuario a la lectura de historias largas? La publicación utilizó un diseño dinámico para volver el periodismo atractivo. Así, el contenido parecía  un ‘ bocado’ sin perder ningún detalle.
2. . Elige una plataforma de publicación. La revista estuvo disponible en iTunes tras formar una alianza con desarrolladores de otras revistas digitales. Toda la maquetación y diseño fueron elaborados en InDesign para tener control sobre todo el diseño.
3.Lo mejor es desarrollar una propia plataforma de publicación y no depender de nadie más. Y tiene que ser perfecta para la impresión, asegura  Klenert. A medida que la audiencia de Huffington (revista) crezca, se invertirá más en la ampliación de la plataforma, indicó.
3. Aperitivos, comida, postre (todo en orden). Con el editor Tim O’Brien se ideó el orden ideal para que el consumo de la información sea como una buena comida. Empieza con pequeños parrafos de las historia en la parte delantera, sigue una serie columnas escritas por los blogueros del sitio. Luego llega el formato largo y se acaba con temas más ligeros en la parte posterior.
4. La audiencia debe comentar. La app tiene que asegurarse de que el intercambio de comentarios sea efectivo. Huffington utiliza un espacio estándar al final de las historias para que el usuario comente.
5. Estar en las redes sociales. Compartir los artículos a través de Twitter, Facebook, entre otras redes, es una necesidad.
6. Un buen equipo. Se toman decisiones rápidas, conforme a la visión y características que tendrá el ejemplar.  Un buen equipo de diseñadores, un editor fotográfico y un productor son necesarios.
7. Los contenidos tienen que ser equilibrados.  Las fotografías, el contenido y el video pueden crear una bella edición si van de manera equilibrada.
8. Ninguna foto es demasiado para el iPad. Los problemas con la impresión de fotografías en las revistas tradicionales acabaron. La editora de fotos Anna Dickson dice que los problemas con los colores y con los recortes han terminado. El iPad tiene espacio para fotografías maravillosas.
9. La comunicación es importante entre el área de diseño, tecnología y edición. Así se tendrá un producto coherente y riguroso con el compromiso de trabajo diario.
10. Se trata de una aplicación (No es una revista). El producto es digital a pesar de que encarna a uno tradicional. El diseño es clave para diferenciarlo. Se espera que la innovación parta de lo móvil.
 ¿Qué opinas?
Vía Huffington Post

Conoce esta guía legal y breve para fotógrafos

Conoce esta guía legal y breve para fotógrafos:
El grupo peruano Juventud Fotográfica ha publicado una guía legal, y muy breve, sobre las normas que deben seguir los fotógrafos, aficionados y profesionales, al momento de capturar imágenes. Aunque cada país tiene sus propias leyes, este planteamiento basado en las leyes españoles deja claro diversos puntos para tomar en cuenta.
Una buena iniciativa que destacamos y compartimos a continuación:
 Nota de redacción: Este post fue modificado con precisiones sobre la ley para evitar confusiones.

agosto 20, 2012

El triunfo de la gamificación #infografia #infograpic #internet

Pinterest y los 20 millones de usuarios #infografia #infographic #socialmedia




Cómo crear un mensaje con impacto #infografia #infographic #marketing





Tres alternativas para realizar videoconferencias desde el navegador

Alternativas para realizar videoconferencias desde el navegador
Si queremos realizar un encuentro virtual con un grupo de personas, es interesante conocer diferentes alternativas. Saber que nos ofrecen y sus características nos harán decidir entre un servicio u otro, dependiendo de nuestras necesidades a la hora de realizar la videoconferencia. Vamos a comparar tres aplicaciones interesantes de conocer para realizar videoconferencias directamente en el navegador.

Meetings.io: crea videoconferencias al instante

Meetings.io
Servicio gratuito con un diseño simple y elegante que nos permite mantener encuentros virtuales (tanto públicos como privados) al instante, además de disponer de opciones adicionales muy interesantes y fáciles de usar. Como limitación, admite un máximo de 5 personas por sala. Y por el momento no es ampliable este límite.
El punto fuerte de Meetings.io es la posibilidad de crear salas sin necesidad de registro y al momento. Automáticamente nos generará un enlace, el cuál tendremos que compartir para que los demás usuarios accedan a la videoconferencia al instante. Entre sus otras características, podremos compartir pantalla, añadir notas, compartir archivos o incluso mantener una conversación desde el chat de la sala. Ideal para mantener una conversación con clientes o compañeros de trabajo.
Sitio oficial | Meetings.io
En Genbeta | Meetings.io, crea encuentros a distancia directamente online

Google Hangout: perfecto para hablar con amigos

Google Plus Hangout
Google Hangout es la herramienta para crear videoconferencias oficial de Google Plus. Ofrece la posibilidad de mantener encuentros virtuales con nuestros contactos de la red social, con nuestros círculos o incluso de forma abierta. Además podremos retransmitir las encuentros en directo a través de YouTube, una característica realmente interesante si, por ejemplo, realizamos una entrevista a alguna persona conocida o de interés.
Entre sus características encontramos la posibilidad compartir pantalla, añadir efectos a la webcam, visualizar un vídeo de YouTube o incluso un documento de Google Docs o Slideshare con todos los participantes de la sala, entre otras opciones.
Hangout es totalmente gratis (con un límite de 10 personas a la vez) y cualquier usuario de Google+ puede usarlo libremente. Eso sí, será necesario descargar e instalar un plugin para hacerlo funcionar. Incluso con la aplicación oficial de Google+ para iOS y Android podremos mantener Hangouts (quedadas) como si estuviésemos desde el propio navegador.
Sitio oficial | Google Hangout

MashMeTV: encuentros virtuales con múltiples posibilidades

MashMeTV
MashMeTV es una startup española bastante reciente. Nos permite crear salas de videoconferencias con un simple registro desde nuestra cuenta de Facebook, Twitter o Google. Al crear la sala dispondremos de un enlace personalizado, el cual tendremos que compartir con nuestros contactos para que puedan unirse (hasta un máximo de 10 personas).
El diseño del servicio no es su primera ventaja, es un poco pobre. Pero si buscamos funcionalidades, MaskMeTV es una excelente opción a considerar. Una vez dentro de la sala nos permite realizar acciones en conjunto con todos los demás usuarios, como por ejemplo ver un vídeo de YouTube o incluso ver canales de televisión, como la Cuatro o Telecinco. Además podremos mostrar documentos, visualizar una web o cargar un mapa de Google Maps, entre otras opciones.
Sitio oficial | MashMeTV


Latinoamérica y Caribe en FaceBook (junio/2012) #infografia #infographic #socialmedia



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Métricas de marketing, esa es la cuestión #infografia #infographic #socialmedia #marketing

Internet y redes sociales: ¿controlar o liberar?


Javier Darío Restrepo, experto en temas de ética e información, da elementos para entender los fenómenos generados por las nuevas tecnologías, tales como los episodios de los últimos meses con las redes sociales y los ‘hackers’.

De creerles a Estados Unidos, a la Gran Bretaña o a los australianos, Wikileaks es un peligro para la diplomacia mundial y las redes sociales ponen en riesgo la democracia. Por eso parecen estar a punto de gritar frente a Internet: ¿quién podrá defendernos?

En la cumbre de la Sociedad de la Información, reunida en Túnez en noviembre del 2005, esa fue la pregunta cuando Estados Unidos planteó la defensa de los niños frente a la pornografía en Internet. La respuesta, al final fue que “ni técnica ni legalmente son viables los instrumentos para limitar y controlar el acceso a Internet”.

Pero, al contrario de la impotencia mostrada en el 2005, hoy los gobiernos no quieren seguir manicruzados. Mubarak, en sus últimos días en el poder, echó mano de él para clausurar la Internet egipcia; el Gobierno sirio hizo lo mismo, aunque en forma temporal y no en todo el país; en Irán no hubo Internet durante el período de protestas populares en el 2009 y se mantiene el esfuerzo gubernamental para controlarlo y filtrar sus contenidos, y en Libia, los intentos del gobierno de Gadafi de atajar Internet han sido inútiles frente al manejo que los rebeldes han hecho de este instrumento.

Los gobiernos han aprendido que la expresión fuera de control que propicia Internet no se puede resolver con los buenos modales de la democracia y se han valido de los golpes contundentes de las autoridades policiales, como acaba de ocurrir en Bogotá, donde la Policía capturó al hacker Sophie Germain, el alias de un estudiante acusado de robo de perfiles de Twitter y de usurpación de las cuentas de redes sociales y de correos electrónicos.

En Túnez, el problema aparecía más simple: se trataba de controlar la pornografía; pero hoy la dinámica de la democracia aparece en el fondo de los mensajes que difunden las redes sociales, que es un fondo bueno, porque promueve la participación de grandes capas de la población que eran pasivas y estimula el examen crítico de las acciones de los poderosos. Durante 30 años, Mubarak había operado a sus anchas, sin críticos ni cuestionamientos y, tanto en Egipto como en los países vecinos, la voz popular había permanecido silenciada.

Las redes sociales rompieron ese silencio y, por tanto, activaron las virtudes y los mecanismos de la democracia. Sin embargo, al mejor estilo de los dictadores, los gobernantes democráticos, podrían estar estrangulando la opinión y la información en nombre de la seguridad del Estado.

El tema de la persecución implacable contra Julián Assange, porque ‘hackeando’ obtuvo el enorme volumen de información de Wikileaks, es una pieza del mismo conjunto en que se encuentra la historia del proyecto Internet, en una valija de la New America Foundation.

Usted la ve y es una maleta cualquiera, pero está dotada de antenas inalámbricas, una laptop, dispositivos de memoria de destello, discos compactos y cables de Ethernet, elementos con los que el usuario puede violar las leyes impuestas en Irán, por ejemplo, o en Siria, que prohíben el Internet en defensa de la seguridad del Estado. Es una valija de Internet que permite compartir información y la saca del país. Si en lugares como este, o en Egipto o en Libia, un gobierno demócrata apoya el uso de esta tecnología para cambiar su política, ¿por qué en Londres o en Madrid las redes sociales son perseguidas por la Policía?

En Irán, lo mismo que en Europa, las redes sociales se han convertido en instrumentos para el cambio político. ¿En nombre de qué o de quién se puede satanizar un cambio político?

Es un error creer que las redes sociales son asunto privado. La expresión es de Adolfo Salgueiro, a partir de su experiencia en medios sociales. Consecuentemente, no es el derecho a la intimidad de lo privado lo que cuenta cuando las autoridades las intervienen; antes que el de la intimidad, pasa el derecho ciudadano a fiscalizar, controvertir y exigir cambios en el poder.
Los gobiernos, al atentar contra las redes sociales, defienden su poder, pero debilitan la democracia.

Una contradicción parecida se manifestó en el caso que estuvo a punto de archivar una fiscal en Bogotá. En el grueso legajo se daba cuenta del ataque informático contra la plataforma de la Registraduría el día de las elecciones del 14 de marzo del 2010. Al colapsar la plataforma, porque los mensajes recibidos desbordaron los límites normales de una consulta, la información sobre los resultados de las elecciones quedó sujeta a manipulación y a modificación de las cifras. La firma Adalid, analista de cibercrímenes, encontró que en el ataque informático habían intervenido el DAS, el Ejército y la Policía. Los hackers, por tanto, vestían uniformes oficiales y, al contrario de lo sucedido con el solitario hacker que entró a la página del señor Presidente, a estos nadie los ha molestado.

Usted cruza todos estos datos, se pregunta dónde termina lo legal y dónde comienza lo criminal, tiene en cuenta el poder de las nuevas tecnologías y las limitaciones legales y técnicas de los gobiernos frente a ese poder y se va a encontrar un problema complejo, que comienza a ser menos oscuro cuando reúne estos elementos:

Es una tecnología, como fue la de la radio, la de la imprenta o la de la televisión. Esas tecnologías llegaron, pasaron, pero los principios quedaron ahí y ahí siguen: veracidad, responsabilidad, servicio del bien común, como guías para su uso correcto.

Esta es una tecnología poderosa, que abre nuevas y mayores posibilidades a los humanos, y por eso exige una mayor responsabilidad que las otras. No es lo mismo manejar un triquitraque que una bomba.

Ese poder determina una mayor incidencia en el bien común. Los ‘indignados’ y los hackers oficiales en la plataforma de la Registraduría tocan de distinta manera el bien común. Pero lo tocan.

Los gobiernos utilizan el bien común como pretexto para defender su poder, aviesa práctica que se parece a la de los ‘indignados’ cuando olvidan el bien de todos y solo ven su poder como objetivo.

Uno puede creerles o no a los gobiernos cuando persiguen las redes sociales para garantizar la seguridad del Estado y de sus ciudadanos. Lo que sí es cierto es que en esas redes, como todo en la tecnología, todo depende de quién y para qué las use.

Después de todo, uno concluye que es más peligroso un gobierno que defiende su poder a cualquier costo, que una red social en la que el acercamiento entre las personas y la adopción de objetivos comunes tienen más fuerza que las ambiciones de poder de unos pocos.

El Tiempo